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Aprender a emprender

Por qué me gusta enseñar a emprender

Cuando emprender es cuestión de actitud.

Me gusta ayudar a emprender. Porque implica ayudar a desarrollar ciertas aptitudes pero, sobretodo, una actitud muy especial.

Y es que emprender implica, antes que nada, aprender a aprender: se es “aprendedor” antes incluso que emprendedor. Me apasiona la gente que sabe aprender y, sobretodo, que disfruta aprendiendo. Porque denota curiosidad e interés por el mundo que nos rodea.

Para emprender hay que ser proactivo: actuar cuando algo merece ser cambiado. Esto exige preguntar, ser curioso y, sobretodo, empatizar para entender los problemas que hay en el entorno. Y cambiarlo. O mejorarlo. No quedarse de brazos cruzados.

Emprender significa también automotivación y autoliderazgo: entender que uno es dueño de sí mismo, lo que implica libertad y responsabilidad al mismo tiempo. Libertad para hacer lo que quieras, responsabilidad para hacer lo que debes (sabiendo que eres libre de no hacerlo). No hay premios ni castigos, sólo consecuencias. Y nosotros somos responsables de un gran porcentaje de los resultados -otro porcentaje, más pequeño, se lo podemos asignar a la suerte, si quieres-.

Cuando emprendes, necesitas altos niveles de resiliencia que, si no la traías ya de serie, acabarás desarrollando. Aprendes a aguantar, a insistir, a no decaer cuando vienen mal dadas. Y a levantarte rápido cuando sí decaes, cuando durante un rato no aguantas. No te mentiré, esta resiliencia está compuesta fundamentalmente por dos elementos: la disciplina y la motivación del punto anterior.

Liderar, motivar y comunicar forman parte del emprendimiento: si tenías intención de emprender desde detrás del ordenador, solo y esperando a que vayan a ti, siento decirte que vas mal. Porque para emprender, necesitas explicar tu proyecto para validarlo primero, para vender o involucrar después. Para emprender, necesitarás implicar a gente en tu equipo y convencer a quien te tenga que comprar. Necesitarás comunicar que existes: detrás de una marca personal o comercial, no importa, pero deberás decir que estás ahí y explicar por qué y para qué.

Emprender es trabajar en equipo. Un rato, dos ratos o todo el rato. Pero habrá momentos en que deberás aportar para construir, explicar para recibir o colaborar para crecer. Puede que empieces el proyecto solo. No importa. Pero sé consciente de que en algún momento -y en repetidas ocasiones- deberás trabajar en equipo por el bien de tu proyecto. Ya sabes, aquello de que “solo se va más rápido pero acompañado se llega más lejos”.

Por todo eso me gusta enseñar a emprender. Por la transversalidad de las aptitudes necesarias, pero, sobretodo, por la actitud que requiere. Una actitud que a veces viene de serie, otras se adquiere. Y siempre, siempre, se sigue aprendiendo mientras avanzas.

La actitud emprendedora, una vez la tienes, te sirve para todo: para tu proyecto empresarial, tu trayectoria profesional, tus vínculos personales y tu relación con el mundo. Es actitud ganadora, sobretodo, para ti.