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Mundo circular

Lavoisier dijo, ya en 1794, que la materia no se destruye, sino que se transforma. Una teoría con origen y aplicación al entorno de la investigación científica, que hoy se puede aplicar, como concepto, a diferentes aspectos de nuestra realidad.

Economía Circular

Hemos tardado unos cuantos siglos en entender que de cualquier producto que “destruimos”, se genera un residuo a partir del cual, podemos volver a producir materia útil. O, tal vez, lo olvidamos durante un tiempo, cuando se masificó la producción y parecía que por el simple hecho de que más gente tuviera acceso a los productos, también el planeta tenía más capacidad de ofrecer los recursos necesarios.

Hoy, por fin, la economía circular se está imponiendo como la única solución a una limitación de recursos, de materias primas, de esa material inicial. Dejamos atrás ese gráfico lineal de producción, para crear -y cerrar- el círculo.

Entendemos que los productos de pueden reciclar, para obtener nuevos materiales. Que la reutilización permite alargar la vida de los objetos para retrasar ese momento de transformación.

Pasamos de la compra al alquiler. Del mío, al tuyo; o al nuestro –el famoso título del libro de Rachel Botsman, “What’s mine is (y)ours”-.

Tendemos a una economía basada en compartir, entendiendo que el valor de un objeto no está en su posesión, sino en su uso. Que eso permite que varias personas usen un mismo producto, varias veces. Incluso con diferentes usos.

Y esto nos ha llevado a una economía de servicio en la que las empresas productoras han pasado de una política de obsolescencia programada, que buscaba acortar la vida de los productos para aumentar el volumen de ventas, a una filosofía de calidad de producto, que permita dar muchos usos a diferentes personas.

Un nuevo término (nuevo por su uso, porque en realidad fue ya sugerido por McLuhan en 1972 y acuñado en 1980 por Alvin Toffler en The Third Wave), el de prosumidor, indica el nuevo papel, mucho más activo, del consumidor. Un consumidor más profesional, que además de consumir, produce cuando comparte productos y conocimientos.

Profesiones Circulares

Ya sabemos que el 75% de las profesiones del futuro aún no existen o se están empezando a crear ahora. En su mayoría, en el ámbito tecnológico. Pero esto no significa que tengamos que “convertirnos” todos a programadores, pero sí que tenemos que conocer el nuevo entorno en el que nos moveremos (o nos estamos empezando a mover).

Porque las profesiones lo harán: se adaptarán al entorno tecnológico, en todos los ámbitos. Las profesiones de transformarán: se destruirán las más repetitivas para crear otras más intelectuales, que piden al humano lo que la máquina no puede hacer. Como dice Tim O’Reilly, “El trabajo se transformará con la inteligencia artificial, pero no se acabará”.

En esta nueva etapa circular, mezclaremos ciencia, datos, algoritmos y robótica con filosofía, literatura, psicología, diseño.

Mezclaremos todas las profesiones que hasta ahora eran -aparentemente- independientes y las transformaremos. De nuevo, la mezcla permite transformar para mejorar el resultado.

Ya no tendremos una sola profesión para toda la vida, esa en la que empezabas desde abajo e ibas ascendiendo a lo largo de tu carrera profesional -que iba en paralelo a tu vida-.

En esta nueva etapa de la Profesión Circular, cambiaremos de profesión en función de necesidades, ofertas o, porqué no, motivaciones. Podremos probar, aprender, aportar y cambiar de dirección. Como dice Javier Creus en su fantástica charla TED, la pregunta de “¿Cuál es tu profesión?” es una de esas preguntas que antes era muy fácil, pero cada vez es más difícil de contestar. Y más que lo será.

Pero en cada una aportaremos algo diferente y aprenderemos algo nuevo. Tendremos la opción de ayudar a mejorar la empresa o sector por el que pasemos, para llevarnos nosotros un trocito cuando nos vayamos a la siguiente parcela.

Y para ello, obviamente, tendremos que cambiar nuestro modo de aprender.

En esta nueva etapa circular, mezclaremos ciencia, datos, algoritmos y robótica con filosofía, literatura, psicología, diseño.

Porque hoy, el aprendizaje es circular: hay principio (y empieza mucho antes de la escuela) pero, sobretodo, no hay fin. Entramos en la era del Longlife Learning.

Aprendizaje Circular

Y es que también en educación nos vamos dando cuenta de que la formación ya no es tan lineal, que pierde ese formato de inicio y fin. Ya no tiene una secuencia lógica que termina con la carrera o con el master o doctorado, previos a una etapa profesional en la que ya no hace falta volver a estudiar.

Esa formación lineal, igual para todos, con el mismo recorrido y los mismos -en principio- resultados, se está desdibujando.

Porque hoy, el aprendizaje es circular: hay principio (y empieza mucho antes de la escuela) pero, sobretodo, no hay fin. Entramos en la era del Longlife Learning.

Un aprendizaje continuo y sin una secuencia previamente marcada, más bien vinculada a las necesidades que van surgiendo de profundizar en temas específicos.

Ya no hay un sólo camino, sino multiples vías, no siempre delimitadas, que no siempre han sido transitadas de la misma manera. Caminos que se entrecruzan, se ensanchan, se estrechan, a veces son subidas, otras con bajadas. Con pocas indicaciones visibles a simple vista y con pocos caminos planos.

Ya no va sólo de aprender contenidos, sino de aprender a aprender. Porque en este aprendizaje circular, el contenido ya está ahí fuera, en la red, en la gente, en los libros, en las conferencias, en los bootcamps, en los Moocs, en los viajes… Volviendo al TED de Javier Creus, también algunas preguntas se han vuelto más fáciles, como puede ser la de “¿Qué quieres saber?”.

Pero hay que saber qué contenido es válido, cuál te será útil a ti. Que puede no ser útil al que está a tu lado, pero a ti sí, y con esto es suficiente.

Aprender a aprender implica, igual que en la economía circular, saber usar lo que ya está ahí fuera, para mezclarlo de una manera diferente que, junto con lo que ya sabías, hará que ese conocimiento se transforme en algo nuevo, con otra utilidad: la que tú le des.

El aprendizaje circular también va de compartir: hace falta que todos volquemos el contenido que tenemos, tanto el que usamos como el que no, para que más gente lo use, lo adapte, lo enriquezca con el contenido de otros y lo haga crecer.

El mundo circular requiere, en definitiva, estar pendientes, ocuparnos de lo que ocurre, hoy y mañana. Ya no vale ir soltando, sin mirar atrás. Porque ya no hay un lugar donde dejar los productos que ya no usamos, el aprendizaje que no necesitamos, las profesiones que dejamos. Y, sobretodo, cada vez hay menos sitios fijos, seguros, de donde sacar materia prima ilimitadamente o el conocimiento que sirva para eso que tenemos que aprender.

Aprender a aprender implica, igual que en la economía circular, saber usar lo que ya está ahí fuera, para mezclarlo de una manera diferente que, junto con lo que ya sabías, hará que ese conocimiento se transforme en algo nuevo, con otra utilidad: la que tú le des.

Todo lo que necesitamos, está ahí. El inicio, el arranque, ya está creado. Ahora lo que hace falta es usarlo, transformarlo, para convertirlo en aquello que la sociedad necesita. Y ser conscientes de que no va de una, ni de dos, ni de tres transformaciones, sino que tiene que ser ilimitado, sin principio ni fin, sino constante, como el círculo.