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Learnability: aprender a aprender

El 65% de trabajos que habrá en 10 años, aún no existen. Llevamos un tiempo oyendo esta cifra, la tenemos grabada en diferentes formatos, pero no acabamos de saber qué hacer con ello.

Al tiempo que desciframos este futuro que ya está aquí, tenemos que deducir cómo vivir en él. Da un poco de vértigo, porque parece que hay que construir un nuevo barco, al tiempo que sorteamos las olas todavía desde el viejo.

Transformación digital es el término que más suena, como aparente solución para adaptarnos -aunque sea desde el curriculum y a trompicones- a un futuro que ya está aquí pero para el que no nos prepararon.

Pero no es falta de preparación en cuanto a contenidos técnicos lo que nos falta-que también-. Porque el problema principal es que no nos prepararon para trabajar del modo que implica esta nueva etapa. Como se dice, “nos prepararon para un futuro que ya no existe”. Aunque no es el qué, sino el cómo.

En realidad, se trata de un cambio de actitud, más que de contenidos.Aceptar que el ritmo se ha acelerado y hay que aprender a gestionarlo. Entender que el nuevo entorno exige adaptabilidad y esto se consigue desaprendiendo, que no consiste en olvidar, sino en cuestionar antiguas maneras de hacer las cosas para acoger nuevos métodos.

Learnability es la capacidad de aprendizaje constante, estar al día. Para ello, hay que entender que se aprende no sólo en el aula, sino también fuera.

Hay que ir con los ojos abiertos, practicar la escucha activa, interesarse por todo -incluso lo que hay más allá del puesto de trabajo-, no dar nada por supuesto y atreverse a pasear por fuera del camino -incluso por el abismo, a veces-.

Como dijo Eric Hoffer, ya a mediados del s.XX, “En tiempos de cambio, quienes estén abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras que aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe.”

El único problema que tiene la learnability, si lo planteamos con el visor antiguo, es que es difícil de cuantificar lo aprendido, porque es en su mayoría un conocimiento tácito. Y ya no vale con un papelito certificador de un curso: el aprendizaje que hace falta va mucho más allá. Por eso, también aquí hay que cambiar la manera de mirar: ahora el conocimiento y la capacidad de adquirirlo se demuestra haciendo, aplicando conocimientos a proyectos y, sobretodo, sabiendo en cada momento qué habilidades necesitamos, cómo solucionar los problemas que inevitablemente surgen y cómo (aprender a) resolverlos.

Por eso es necesario, sobretodo, un cambio de actitud. Saber que se puede seguir aprendiendo y, sobretodo, quererlo. Mirar a nuestro entorno con curiosidad, con humildad, con interés y con seguridad, sabiendo que podemos aprender mucho más de lo que creemos, que somos capaces de mucho más de lo que nuestra mentalidad fija nos hace creer: hoy más que nunca, se hace imprescindible una mentalidad de crecimiento que nos empuje a seguir mejorando y a romper los límites autoimpuestos.

Porque efectivamente, el vértigo está ahí, la velocidad ha aumentado exponencialmente durante los últimos 20 años (los cambios tecnológicos son mayores que en el resto de la historia de la Humanidad). Pero también es cierto que estamos ante un nuevo paradigma del aprendizaje mucho más motivador, donde nosotros somos los verdaderos protagonistas y dueños de nuestro recorrido. Y eso es apasionante. ¿Lo bueno? Que lo que aprendamos, difícilmente lo olvidaremos.

Porque como dicen que dijo B.B. King, “lo maravilloso de aprender algo, es que nadie puede arrebatárnoslo.”