TOP

Lo importante es invisible a los ojos.

Nos cuesta cuidar lo que no vemos, nos cuesta esperar lo que no es inmediato

El otro día visitamos Desert City, un jardín botánico de plantas xerofíticas precioso, al norte de Madrid. Una visita que merece la pena hacer, porque tomas conciencia del disparate que supone tener césped en un clima más cercano al desértico, aprendes que no sólo los cactus son plantas xerofíticas (que necesitan poca agua), sino también la lavanda y el olivo y que no todo lo que pincha es un cactus.

Pero lo que más me impresionó fue lo que nos contaron del subsuelo, de lo que no se ve: en un puñado de tierra, hay más seres vivos que en todo el planeta.Y nosotros sin saberlo. Sin siquiera apreciarlo ni mucho menos cuidarlo.

Ya lo decía El Principito…. Tenemos tendencia a esto, a ignorar lo que no se ve, a no darle importancia. Cuando, probablemente, sea la base de prácticamente todo. Y es que aquello que no se ve es, a menudo, el sustento de lo más visible. Y si no, fijémonos en lo que llamamos las soft skills. No se ven, es difícil medirlas, pero son la base para construir todo lo demás y por eso empiezan a ser las más demandadas por las empresas.

Trabajo colaborativo

Siguiendo con los árboles, una de las cosas que más me impresionó fue lo que nos contaron acerca de lo que se está descubriendo sobre el “entramado colaborativo” que sucede debajo de nuestros pies.

Uno de los seres vivos son los hongos que van en las raíces de los árboles y forman una simbiosis perfecta, llamada micorrización. Es un trabajo win-win total, en el que los hongos facilitan a la planta los micronutrientes y agua que necesita y a cambio recibe el CO2 que no es capaz de sintetizar por si mismo.

Pero el mundo subterráneo no acaba aquí: las plantas son capaces de saber qué plantas son fruto de sus semillas. Sus hijos, por así decirlo. Y, a través de las raíces, pueden llegar a favorecerles y facilitarles agua para ayudarles a crecer. Incluso cuando están a metros de distancia.

Un entramado de relaciones colaborativas que, si las conociésemos mejor, podría ayudarnos no sólo a cuidar mejor lo que pisamos, sino también a entender y conocer otras maneras de colaborar -y maneras de no hacerlo, pues también “roban” nutrientes de plantas adyacentes.

Y es que todo funciona en red. Por eso cuidar cada eslabón es importante, porque beneficia o perjudica a los demás eslabones. En la sociedad, en la naturaleza, en la empresa. Cada vez más, somos una red extendida, con pequeños nodos de interconexión.

Tiempo al tiempo

Otro elemento que me parece bonito e interesante para aplicar a nuestro día a día es la manera de crecer de las plantas: cada una según sus necesidades y posibilidades. Y no hay una manera mejor que otra, cada una lo hace en su momento.

Esto es así con las plantas y con las personas. Porque cada uno tenemos nuestro ritmo, nuestra manera de avanzar. No es ni mejor, ni peor, es la nuestra. Lo importante, aquí, es entender dónde queremos llegar, conocer cuáles son nuestras capacidades para hacerlo y ser muy honestos con nosotros mismos acerca de cuánto estamos dispuestos a sacrificar; es decir, conocer nuestras prioridades que, de nuevo, son las nuestras y, por tanto, están bien.

Y el tiempo… ay, el tiempo! Tanta prisa para adelantar al reloj, para ganar al calendario y tan poca calma para llenar las horas. Lo que no se ve, a veces también lleva tiempo: para estudiar, aprender, prepararse, observar, reflexionar… A veces vamos tan deprisa que pasamos página sin haberla leído: nos limitamos a pasar los ojos por encima las líneas, sin incorporar ideas, sin relacionar palabras.

Si tuviéramos claro nuestros objetivos, no sólo de lo que queremos obtener, sino de lo que queremos aportar, nos preocuparía menos la prisa y nos ocuparía más el hacerlo mejor.

Como siempre, mucho que aprender de la naturaleza. Y mucho que reflexionar. Porque, por supuesto, el tema central, la gran razón de ser de las plantas xerofíticas es el consumo de agua, pero esto ya es para otro post…