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No tienes que ser perfecto. Pero sí buscar la mejora constante.

Es imposible hacerlo todo bien. Pero sí puedes intentar hacerlo lo mejor posible. Todo lo que hagas, todo lo que intentes: pon todo tu empeño en ello, hazlo lo que mejor que sepas. Sé tu mejor versión. Busca la excelencia, siempre.

Lo que no sepas, apréndelo. Lo que no puedas (o no quieras) aprender, busca a quien sepa hacerlo y haced equipo.

No siempre saldrá bien a la primera, seguramente tampoco a la segunda. Pero si le pones ganas y motivación, saldrá. Y aún así, cuando salga, no esperes que guste a todos.

Y hablo de ti, pero también de tu proyecto, de tu producto, de tu servicio… Aquello en lo que estés poniendo el foco en estos momentos. Porque del mismo modo que uno no puede caer bien a todo el mundo, un producto no tiene porqué encajarle a todos los consumidores. Pero no pasa nada. Nada.

Y cuando entiendas esto, cuando seas capaz de decidir para quién mejoras cada día, a quién le importa lo que haces, te darás cuenta que es mejor crecer pensando en 100, que estancarte por llegar a 1000.

Cuando te centres en los que te eligen, podrás entender mejor en qué debes mejorar. Cuando te dediques a mejorar pensando en ellos, te darás cuenta de que esos son los que mejor entienden que no se puede ser perfecto.

Si conectas en vez de contactar, si creas relaciones honestas en las que puedas permitirte ser tú sin pretender ser más, sin pensar en lo que no tienes, te sentirás con la confianza de explicar tus carencias: no como fallos, sino como áreas de mejora.

Y verás que tu entorno lo acepta como algo positivo: te hará más cercano, más accesible, más de verdad. Y será desde allí desde donde podrás crecer. Sin ser perfecto, pero siendo el mejor.