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¿Qué has desaprendido hoy?

Esta tarde, estaba ayudando a mi hijo pequeño con las sumas ‘con llevadas’, y me ha reprochado que “no se hace así”. Enarco cejas, ladeo cabeza, respiro hondo y le explico que hay muchas maneras de hacerlas. Él, que vale, pero que mejor como se lo ha explicado la profesora, que sino “me lío y además, ella quiere que lo hagamos así.”

Mientras le ayudo, ‘a su manera’, pienso que he/ha/hemos perdido una pequeña gran oportunidad para aprender a desaprender.

Porque desaprender es entender que hay diferentes maneras de llegar a un resultado. Es hacer el arduo trabajo -porque no es fácil- de aceptar que puede que lo que hemos aprendido esté ya obsoleto o haya otra visión sobre el mismo tema. Es no dar por válido sólo lo que conocemos, sino considerar nuevos métodos e incluir nuevos caminos que desconocemos. Y en el entorno cambiante de hoy, que exige actualizarse constantemente, desaprender es básico para poder innovar y dar respuesta a las nuevas necesidades. 

Hay que aceptar que hay muchas cosas que desconocemos, que estar al día de todas las novedades es difícil y superar el FOMO (Fear Of Missing Out) es cada vez más complicado. Entender que para innovar en este entorno tan cambiante, ya no vale hacer las cosas como siempre se han hecho. Tampoco en la manera de aprender. Ya sabes, la famosa frase de Einstein de “Si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo.”

Por eso, el término humildad está escondido en cada una de estas líneas, detrás de cada letra del término “desaprender”. Hay que aceptar que hay mucho por aprender y a cuestionarse lo aprendido hasta ahora. Es dar un paso atrás para coger carrerilla y saltar más alto.

Desaprender es romper con el “siempre se ha hecho así”, cuestionar el “esta es la mejor manera”.

A desaprender también se aprende

No es fácil aceptar que tal vez ese camino tan lineal que nos dijeron que conducía al éxito, no era tan determinante. Da vértigo aceptar que la solución no está al final del camino, sino en los cruces de muchos de ellos.

La solución, como tantas otras veces, empieza en el colegio. Es ahí donde deberían empezar a enseñar a desaprender: es ahí donde radica la esencia de ese cambio tan necesario.

Deberíamos, primero, desaprender los adultos que siguen/seguimos decidiendo cómo deben aprender los niños. Dejar de perpetuar la manera en que aprendimos nosotros, no reclamar volver a ella cuando algunas voces claman por desaprender y reinventar.

Para, después, cambiar a una metodología que muestre que hay muchas maneras de llegar a una misma solución: algunas se conocen, otras están por descubrir. Enseñar al niño diferentes maneras de aprender a sumar y dejar que también él encuentre la suya. Aplicar, más que nunca, aquello de que la educación debe encender la luz, no llenar la vasija. 

Y aplicarlo siempre, interiorizarlo para que sea así como se aprende: no sólo en el colegio, sino también en la universidad, en la empresa. Siempre. Por eso es importante hacer que los niños de hoy, crezcan “desaprendidos”. 

Porque cuando das un salto al momento actual, a lo que el día a día requiere en el entorno profesional, ves claro dónde está el gap no cubierto. Ese que cada Gobierno intenta suplir con parches, quitando asignaturas, poniendo otras, y cambiándole el nombre a las que no suenan actuales. El problema es que el sistema necesita un cambio de raíz, que se cuestione todo, de arriba a abajo. Y mirar fuera de la escuela, para entender no sólo lo que quieren las empresas, sino cómo aprendemos durante el resto de nuestras vidas, cómo cargamos nuestra mochila con más herramientas para decidir dónde queremos estar, para activar nuestro propósito, para aportar nuestro mejor “yo” al “nosotros”.

Porque no se trata (sólo) de aprender programación y robótica, que también, o de enseñar a hablar en público, que por supuesto. Se trata de enseñar a aprender, lo que significa, sobretodo, aprender a desaprender. Esto implica tomar las riendas del aprendizaje, porque a partir de hoy, independientemente del sector en el que trabajes o de la edad que tengas, deberás seguir incorporando y desarrollando habilidades y capacidades para adaptarte a lo que viene. Y, sobretodo, tendrás que aprender otra manera de hacer aquello que, probablemente, habías estado haciendo ‘toda la vida’: la digitalización ha cambiado procesos, ha mezclado disciplinas y ha juntado generaciones. Así que toca probar caminos diferentes para llegar a resultados aparentemente parecidos pero con matices muy distintos. Aprender a desaprender, a abrir la mente, a ejercer la humildad como nunca, a sentirnos aprendices de nuevo -par siempre-, a deshacer caminos andados y andarlos con otro calzado.

Así que ponte a ello, analiza qué caminos sigues con ojos cerrados sin cuestionarte si hay otra manera de llegar. Coge el hábito de encontrar otras rutas. Empieza por preguntarte, cada día, ¿qué he desaprendido hoy?