TOP
Emprender en 2018

Emprender en 2018

Tecnología y humanismo, más unidos de lo que parece.

Empieza un año nuevo, con todos sus días. Tan cambiante como los demás, tan volátil e incierto como los anteriores. Es lo que tiene este entorno VUCA (Volatile, Uncertain, Changeable, Ambiguous) en el que vivimos, que lleva un tiempo siendo constantemente cambiante.

En 2017 hemos incorporado conceptos nuevos, que hasta hace poco más de un año, sonaban sólo en ámbitos especializados, de ‘frikis’ tecnológicos. Pero en 2018, términos como Inteligencia Artificial o Blockchain formarán parte de nuestro vocabulario casi recién estrenado (más positivo, sin duda, que aquel que estrenamos hace ya 10 años, con ‘palabrejas’ como subprime o bonos basura).

Big Data ha sido el gran protagonista, sin duda. Con tanta presencia y con este nombre, parece casi un Gran Hermano que todo lo sabe y todo lo ve. Los datos como principal moneda de cambio. Datos personales e intransferibles sobre los gustos del consumidor, sus movimientos, sus compras, las búsquedas realizadas en Google, las tendencias, los comentarios, sus gustos…. en una inmensa base de datos, donde se combinan entre sí para ofrecer (o vender) en cada momento, lo que más conviene (o interesa).

Datos almacenados y gestionados por máquinas, que aprenden según usan y reciben más datos, para ir afinando las propuestas que se hacen a cada usuario.

Si con la llegada de internet nos emocionaba su capacidad de segmentación, con la gestión de los datos hemos pasado a otro nivel.

Si estás emprendiendo, empápate de todos estos conceptos, conoce a fondo todas las opciones que ofrece, pero no dejes de aplicar también el Small Data: los pequeños detalles a menudo te dan más información que los grandes datos.

Blockchain, por otro lado, traducido como “cadena de bloques”, va haciéndose un sitio entre las tecnologías que quieren cambiar la sociedad. Y poco a poco se le va conociendo como tal, dejando a un lado la asociación directa y casi única que hasta ahora se le hacía con el bitcoin.

El blockchain es algo así como una red de ordenadores que permite descentralizar la certificación y aval de acciones que hasta ahora requerían de un poder centralizado en determinadas instituciones. Sería el caso de la compra-venta de inmuebles, la firma de contratos o incluso la emisión de documentos de identidad: con blockchain ya no hace falta un notario o una entidad emisora que certifique la validez del documento, porque dicha validez la dan miles de máquinas que forman parte de esta cadena.

¿Usos del blockchain aparte del bitcoin?

Pues, por ejemplo, la emisión de documentos de indentidad en campos de refugiados.

la plataforma de estudios universitarios que permite acceder a educación de calidad, a precios asequibles: una startup que empezará su ronda de inversión en febrero de 2018 y que promete revolucionar el sector.

O la aplicación que están haciendo ya grandes superficies alimentarias como Walmart para ofrecer una trazabilidad fiable de los productos frescos: una manera de conocer el origen de lo que comemos, sin necesidad de estar cerca del origen.

Como ves, aunque todo suene muy tecnológico y parezca que el futuro esté plagado de máquinas que saben pero no sienten, la realidad es que los datos están al servicio de las personas. Evidentemente, como siempre, dependerá del uso que se haga. Y de que detrás de cada máquina, haya siempre grandes personas.

Por eso, en medio de este entorno tan tecnológico y etéreo, donde los canales de difuminan y el usuario-receptor es, a su vez, emisor de mensajes, las marcas sin propósito tienen poco recorrido.

El producto como tal ha pasado a ser una commodity; ahora el usuario quiere historias, quiere una marca que le haga sentir diferente (con lo que eso signifique para cada uno). Pero quiere honestidad, la exige y la busca; y la marca no tiene dónde esconderse, de modo que las que no son transparentes, se transparentan en las redes sociales.

La legitimidad de la marca gana terreno y se convierte en el elemento más importante de los 3 que definen una propuesta, junto con la diferenciación (cada vez más difícil de conseguir en un mercado tan saturado) y la relevancia. Esta última, cada vez más difícil, a menos que se haga desde el Why del Golden Circle de Simon Sinek. Un concepto más que asentado, que ya nadie cuestiona pero no todos lo aplican todavía correctamente. Y es que el Why no es un claim que suene bonito, sino el eje principal de la marca, su propósito en el mercado, su razón de existir.

El propósito no se inventa, sino que se encuentra; porque tiene que ser de verdad, inherente a la marca. Sólo así podrá ser legítimo y creíble. Y sólo así la marca podrá ser coherente entre lo que es, lo que hace y lo que dice.

Y si 2017 fue claramente el año del Why, 2018 el año del How, porque de cómo se hagan las cosas desde la marca, dependerá su éxito o fracaso. Hacerlas bien no es sólo una opción, sino que se da por sentado.

Por eso, la RSC puede fusionarse con la estrategia de marca sin complejos, sin que suene a greenwashing: porque empezamos a entender que el branding no trata de cómo vender más, sino de cómo aportar valor desde el qué aporta y el cómo lo hace.

La tecnología te permitirá ser diferente, hasta que la competencia llegue donde estás. Así que busca la relevancia no sólo desde el WHAT (servicio o producto) sino desde el HOW. Pero antes, empieza por definir un buen propósito, coherente con lo que haces y cómo lo haces, que te dé legitimidad desde el WHY.

Feliz 2018. Nos leemos.