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Propósito

¿Cómo sabré que he llegado?

Encontrar tu propósito, tu gran porqué. Saber cuál es tu talento, tal vez incluso oculto; buscar cómo hacer que aflore. Nos han contado que todos hemos venido aquí con una misión, con algo que aportar al mundo. Y andamos preguntándonos, a cada paso, si será eso. Nos analizamos para ver si nos sentimos plenos, expectantes, a ver si de repente un día nos levantamos que sí, que era eso. O que no, que no nos sentimos llenos. Para volver a hacer el equipaje, con la sensanción de meter siempre lo mismo en la maleta. Y volver a caminar, buscando encontrar el rumbo.

Dicen que para encontrar tu misión, debes buscar lo que sabes hacer mejor que nadie, que además te apasiona y, por supuesto, por lo que hay alguien dispuesto a pagar (porque sino, se trata sólo de un hobby). Pero seguramente tus aficiones cambien, o tus capacidades, tu expertise.

Porque además, las habilidades a veces no son tan etiquetables como nos lo venden: no siempre son hard-skills, sino más bien soft-skills que vamos desarrollando poco a poco (el tiempo es un gran aliado). Y esto no siempre es tan difícil de poner en una tarjeta. “Mario Pérez. Gran capacidad de escucha activa”, “María Fernández. Hago que las cosas pasen”. Sería precioso esta capacidad para crear realidades nuevas entorno a capacidades menos etiquetables pero tan, tan importantes, ¿verdad?

Por esto, tener que encontrar a qué hemos venido, cuál es nuestro reto en la vida, es una decisión ya no sólo difícil, sino casi imposible. A menos, claro, que dividas tu vida en pequeñas vidas. Y encuentres, en cada una, la misión.

Me preguntaban, el otro día, si sentía que ahora estaba donde quería estar. Y dije que sí. Pero es que siempre lo he estado: he tenido la gran suerte de querer estar siempre donde estaba y de estar siempre donde quería estar. Y no, no me refiero a cambiar de ciudad o de casa. Tal vez sí se trate de ser nómada, pero de aptitudes y enfoque profesional, de visión, de sector, de campo y área de juego.

Luego supe que a esto se le llama ser knowmad. Y encima, es el formato del trabajador del futuro, como cuenta Raquel Roca en su libro (qué reconfortante cuando, sin preverlo ni buscarlo, llegas al lugar adecuado).

Lo más cierto del trabajo del futuro es que va a ser muy incierto. Lo único seguro es que hará falta gente con capacidad para moverse en la incertidumbre, con capacidad para aprender, pivotar y cambiar rápido. Para trabajar en equipo, siempre diferente, con roles distintos.

Por eso creo que el emprendimiento es la mejor herramienta para, no sólo sobrevivir, sino vivir este futuro que ya está aquí. Y no me refiero necesariamente a emprender para montar tu propio proyecto, sino a emprender como actitud, lo que significa tener las herramientas que te permitan tomar las riendas de tu vida, de tu aprendizaje. Marcar tú el rumbo, incluso cuando el objetivo es viajar sin rumbo.

Que tengas las herramientas para elegir en cada momento dónde quieres estar. Porque esta es la verdadera felicidad: tener control sobre tu propia vida.

Y ser consciente de que la vida son etapas y tú evolucionarás con ellas. No son etapas estancas, donde esté escrito qué tiene que pasar. No hace falta emprender con 20 ni es imposible hacerlo con 50. No tienes porque trabajar primero por cuenta ajena antes de montar tu proyecto. Ni tendrás más éxito si consigues dar el pelotazo y vender tu empresa en 5 años que si la haces crecer poco a poco y dar empleo a varias personas. Ni tampoco menos.

Podrás sentir que estás en tu propósito cuando el criterio para medir el éxito lo marques tú.

Ni la exposición, ni el reconocimiento de otros, ni el dinero que ganes, ni la fama que te llegue. El éxito es saber qué quieres en cada etapa y saber cómo llegar. Y disfrutar el camino, aprender mientras lo caminas. No sentirte atado a ese éxito y atreverte a cerrar etapas y empezar otras nuevas, pero llenando la mochila de conocimientos, de experiencias, de gente, de aprendizajes. Para empezar cada etapa con la ilusión del inicio pero sin olvidar que en cada uno llevas más equipaje para hacer tu viaje más reconfortante. Y disfrutarlo, que te lo habrás ganado.