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ODS2. Nos alejamos del Hambre Cero

Vuelve a aumentar el hambre en el mundo, a la vez que aumenta la obesidad y el despilfarro de comida.

La semana pasada se celebró en Madrid la Cumbre Mundial contra el Hambre y la Malnutrición, con datos desoladores: en 2017 aumentó el número de personas que pasan hambre en 821 millones. Y es el segundo año de tendencia al alza, después de muchos años en que parecía que estábamos cerca del hambre 0. Triste y desolador. Como lo es que apenas se hablara de ello en los medios. Debe ser que acabar con el hambre nos parece demasiado grande. O que no somos conscientes de la situación que vive el 11% de la población mundial. Ni en la paradoja que vivimos, que hace que a la vez aumente la obesidad y, además, un tercio de los alimentos producidos para el consumo humano se pierden o desperdician.

Sin superar este segundo objetivo, difícilmente podremos cumplir con el resto de la Agenda 2030. 

Y aunque parezca un problema lejano, no lo es:  también en España se pasa hambre. Aunque en este caso se habla de malnutrición más que de hambruna, sigue siendo alarmante que haya quien no pueda comer carne, pollo o pescado 3 veces a la semana, a la vez que se tiran 24 millones kilos de comida a la basura cada semana. Según Tristam Stuart, autor del libro ‘Despilfarro’, “se desperdicia más comida de la que podrían consumir todas las personas hambrientas”. ¿Desolador, no?

Y por ello, varios emprendedores han decidido enfocar sus proyectos a este objetivo, con un claro propósito de ayudar a reducir la cantidad de comida que se tira.

La belleza está en el interior

La fruta es el alimento que más se desperdicia. No sólo porque se ponga mala, sino porque a veces “sale fea”. Nos hemos acostumbrado a la fruta bonita, perfecta, toda igual. Cuando resulta que no necesariamente está más rica (de hecho, suele ser lo contrario). Como reacción a esta tendencia, algunos proyectos rescatan a esa fruta fea y la ponen en valor:

Im-perfect

Esta marca de Espigoladors (una ONG sin ánimo de lucro que lucha contra el desperdicio alimentario), elabora productos alimentarios a partir de los excedentes o de fruta y verdura “fea” para hacer mermeladas muy ricas en envases muy bonitos. Segunda oportunidad para quien no debería haberla perdido nunca.

 

Banana Rescue

Aunque el plátano es una de las frutas preferidas de los ingleses, también es de las que más se tiran. No sólo porque se ennegrezcan, sino que cualquier pequeño desperfecto puede ser motivo para que acabe en la basura. Por eso, Sainsbury lanzó la acción de “rescate de plátanos”, con la que da recetas e ideas para invitar a no tirar la fruta.

Había también otra campaña, siguiendo con los plátanos, para animar a la gente a coger el último plátano de la estantería del supermercado, pues se detectó que nadie quería ese plátano que quedaba, suelto, separado del racimo.

Frutas y verduras sin gloria

Intermarché fue el primer supermercado, hace ya unos 3 años, en ofrecer fruta y verdura fea, de una forma atractiva. Con una campaña fresca, cercana y con un toque de humor que hacía tomar conciencia de lo absurdo de buscar siempre la pieza más bonita, además de un precio mucho más bajo que la fruta “bonita”, consiguió aumentar la venta de estos productos que, de otro modo, hubiesen terminado en la basura.

Posteriormente se han sumado otros supermercados a esta iniciativa, pero hay que reconocerle el mérito a Intermarché por haber sido el primero en atreverse.

Cenas con Fecha

Esta iniciativa -maravillosa de verdad- quiere concienciar sobre el desperdicio alimentario, a la vez que ayuda a ONGs vinculadas con la malnutrición infantil en España. ¿Cómo? Con cenas privadas, en las que chefs de prestigio cocinan con alimentos descartados, ya sea por la proximidad de la fecha de caducidad o por su aspecto.

“Se despilfarra más comida en el mundo de la que podrían comer todas las personas hambrientas.” Tristam Stuart, autor del libro ‘Despilfarro’

De “Comida para tirar” a “comida para llevar.”

Hay iniciativas que han puesto la mirada en los restaurantes, pues es otro punto de desperdicio de comida. Y no me refiero a la comida que se devuelve o no se termina del plato (para esto están las “Baggy Dogs”, esa iniciativa tan instaurada en países anglosajones pero aquí nos da como cosa de aplicar). Se trata más bien de los platos que directamente no han salido de cocina, que se han preparado para hacer frente a una demanda que finalmente no ha habido.

Too Good To Go

Esta empresa  ha desarrollado una app mediante la cual, de forma geolocalizada, ponen en contacto a los restaurantes que tienen exceso de comida, con usuarios interesados en tener la comida del día para llevar, a precio mucho más asequible. Y además, cocinada en el día por un cocinero, preparado para tomar en casa.

Ni Las Migas

Esta app que se estrenó hace un año en España parte de la misma idea. Pone en contacto no sólo a restaurantes con usuarios, sino también la panadería, las tiendas de productos frescos o tiendas de comida ecológica con productos perecederos. Acaban de empezar, y de momento sólo actúan en Madrid, pero les auguro muchos éxitos, dado el ritmo al que van.

Tecnología y comida

La tecnología también puede ayudar enormemente a reducir el desperdicio alimentario. Por un lado, el Internet of Things mejorará la trazabilidad de los productos, agilizando el transporte del campo a la mesa y alargando su caducidad.

Por otro lado, quiero pensar que en breve tendremos en casa esas neveras de las que tanto he oído hablar en los últimos… ¿10 años?, que saben la comida que hay, la que está a punto de caducar y te propone recetas con esos ingredientes. Esas neveras que, además, saben cuándo toca hacer compra y no, no es que te avise, ¡es que la hace por ti! (¿Porqué tardará tanto a veces el futuro?).

Una nevera inteligente, sin duda, tendría mucha más capacidad que nosotros para organizar la comida, hacer los menús más adecuados, consultar con la base de datos de recetas en función de lo que hay que comer en breve. Seguiremos esperando a que llegue ese futuro.

Para terminar, os dejo este TED de Bono, de U2, hablando de los datos en positivo sobre la hambruna. Es de 2013, antes del giro en la tendencia.  Tal vez haya que volver a mostrar los datos en negativo. Pero de momento, me gustaría pensar que podemos quedarnos con los datos que nos presenta, en positivo. Sentir que estábamos muy cerca, que se puede erradicar el hambre en el mundo. Que es un objetivo muy grande pero que se puede llegar a Hambre Cero en 2030 si todos aportamos un poco.

Queda poco, pero depende de todos.